A finales de septiembre, tras muchos meses dándole vueltas y pensándolo detenidamente, damos el paso: decidimos publicar un post en las redes sociales anunciando que nos tomamos un descanso, que necesitamos tiempo para replantearnos la convocatoria que hacemos desde Nau y también todo el programa de residencias, el sistema de cesión de espacios, etc.
Lo que tanto nos daba miedo admitir públicamente —que necesitamos parar y replantearnos las cosas— ha tenido muy buena acogida. Mucha gente nos ha dicho: enhorabuena por hacerlo, adelante con el «replanteamiento», no os precipitéis y seguro que saldrán cosas maravillosas.
En la Nau siempre hemos dado mucha importancia a la sinceridad, la transparencia y a ser un espacio en el que parar y pensar tiene tanto valor como muchas otras cosas que hacemos, y creo que este paso lo reúne todo.
El otro día, en una conversación, escuché dos frases que me hicieron pensar mucho en este texto; una decía: “Pasamos más tiempo fingiendo que todo va bien que haciendo que las cosas vayan bien“, y es cierto. A menudo, la rutina diaria nos arrastra de tal manera que no podemos o no queremos parar, por miedo a lo que pueda pasar, a lo que dirá la gente o, simplemente, porque no tenemos tiempo para pensar si lo que estamos haciendo es realmente lo que queremos o lo que somos capaces de hacer. La otra que me hizo reflexionar fue: “¿Estamos dispuestos y tenemos espacio para la experimentación institucional?“, y creo que esta es la clave y que debemos preguntárnoslo más a menudo. Esta pregunta debería llevarnos a cambiar nuestra forma de ser y de hacer las cosas. Del mismo modo que damos libertad creativa a las personas que pasan por nuestros espacios y las animamos a pensar, a equivocarse, a experimentar… las instituciones deberían poder hacerlo más a menudo.

Como resultado de esta pausa, pusimos en práctica una dinámica que aplicamos, inspirada en el espacio NAVE de Chile. La idea era cerrar la Nau durante una semana para que el equipo pudiera residir allí, sin interrupciones, y dedicar horas y espacio a pensar, leer, compartir y crear espacios de trabajo colectivos entre nosotros, sin que nadie interrumpiera ese debate, conversación o dinámica (algo imposible si no cerramos). Puede parecer una tontería, pero ¿cuántas veces hemos podido vivir como equipo dentro de nuestro proyecto sin ninguna interferencia? Tengo que decir que no fue fácil, ni salió tan bien como habíamos imaginado; siempre hay interrupciones. Pero para ser un primer intento, salió bastante bien, y ya hemos planeado volver a hacerlo, al menos un par de veces al año.
Si no somos capaces de hacer una pausa, reflexionar, evaluar y redefinir nuestros proyectos, crearemos instituciones y proyectos que tal vez estén alejados de la realidad. Los tiempos, las necesidades y las condiciones cambian año tras año; por lo tanto, nuestros proyectos también deben evolucionar y transformarse, manteniendo siempre su filosofía, pero permaneciendo tan vivos como las personas que los habitan.
Dedicamos innumerables horas a debates, charlas, networking, talleres y mil actividades más que generan ideas, pero ¿tenemos tiempo para aterrizar todo esto, tiempo para asimilar, filtrar, compartir y aplicar toda esta información y práctica que generamos? Como institución, ¿somos capaces de hacer una pausa y ver cómo lo que hacen nuestros compañeros del sector nos afecta e incluso nos puede cambiar?
Son muchas las preguntas, dudas y certezas que nos han surgido durante todos estos días de trabajo entre bastidores. Debates que sin duda garantizarán que los proyectos que ahora estamos planificando surjan, como mínimo, con un claro compromiso de seguir creciendo. Nau Ivanow, en sus 28 años de historia, ha evolucionado, se ha adaptado y ha emprendido mil y un proyectos que nos han convertido en lo que somos hoy. Así que seguimos por este camino, sin miedo a lo que nos depare el futuro.
Muy pronto, también queremos compartir toda esta reflexión con el exterior, ya que siempre es bueno saber cómo ven, viven y sienten las cosas las personas que, en última instancia, serán las principales protagonistas de cualquier cambio: las personas que hacen de Nau un espacio vivo.
Al fin y al cabo, como siempre decimos, no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.
Un artículo de David Marin, director de la Nau Ivanow.