De la exhibición al proceso – artículo de Jacobo Pallarés

Residencia a la Nau Ivanow de la obra Dramaburg, premiada con la Beca DespertaLab 2016
Función general de la obra Dramaburg en el teatro de la Nau Ivanow
Función en el Teatre Tantarantana de la obra Dramaburg un año después
Es necesario un movimiento. Los movimientos pueden ser medidos por el cuerpo de un individuo pero también por el movimiento de pensamientos, de tendencias, de formas de hacer y por formas de gestión, que no sería más que hacer de una manera ordenada y en busca de un cierto éxito. Los movimientos tienen que ver con las revoluciones. Pueden ser en masa o de individuos o de pensamientos. Un movimiento desde el sitio cero o desde otro sitio. Y ahora toca moverse, efectuar el movimiento desde un lugar a otro.

Ante un nuevo momento, ante una nueva realidad se debe uno mover con otros criterios. Ante un nuevo paradigma, que parece ser que sea en lo que nos estamos moviendo, hay que actuar de maneras diferentes, con movimientos medidos y nuevos o renuevos.

Durante mucho tiempo el foco en las artes escénicas a nivel espacial solo ha estado en la exhibición, en el producto acabado, en el producto y no tanto en el proceso. El proceso no ha tenido importancia más que, obvio, para el creador. Pero este proceso no ha estado condicionado ni ha condicionado al espacio, es decir, no se ha conectado con el lugar en el que luego se puede presentar. Las compañías tenían sus productos y las salas sus espacios para exhibirlos. Los creadores vivían sus procesos de una manera auténtica, orgánica, íntima pero las salas, los espacios, a las que ya se les podía llamar contenedores, eran contenedores fríos, los últimos en la cadena y que incluso podría prescindirse de ellos y utilizar espacios públicos, casas, espacios no convencionales… pero las salas, digo, no vivían esos procesos artísticos.

Sigue pasando en muchos casos esta situación, y como siempre les digo a mis hijos no es malo ni bueno, es lo que es (les digo: el león, el león no es ni bueno ni malo, es un león). En mis pensamientos sobre estas cuestiones no hay ni buenos ni malos, sino opciones, caminos, posicionamientos. Pero hay una tendencia muy potente y para mí necesaria y decisiva en este nuevo paradigma: los espacios posibilitadores, facilitadores, centros dinamizadores, centros de investigación y residencia. Centros que han nacido desde otro foco, distinto al de meros exhibidores o que se han reformulado para dar otros contextos a la creación; estos centros están desarrollando un trabajo de apoyo a la creación, al creador, al ecosistema escénico, fundamental. Su foco de trabajo está dirigido al proceso, a facilitar el proceso, a dar cobijo al creador, a apostar por la solidez y dejar de lado lo líquido. A forzar la experimentación y la innovación en la creación escénica.


Acompañamiento

Los centros de residencias, graneros, fábricas de creación, centros dinamizadores completan la figura del mediador, de aquel que acompaña, aquel que anda con el creador y que recorre o posibilita que el camino se pueda recorrer.

Un centro de esta tipología no es solo un espacio que se cede. Un espacio de cesión, es un alquiler, una cesión… no. Es todo lo demás. Y que sí, que empieza con la idea de que se tiene un espacio físico óptimo para el trabajo creativo. Y todo empieza ahí o puede empezar desde ahí, también puede empezar desde otros lugares y el espacio es un momento más del proceso.

La cuestión es que en estos espacios dinámicos hay un pensamiento en torno al seguimiento de los procesos. Un pensamiento que es mucho más fácil que se empape en los cuerpos en movimiento de los emergentes, de los nuevos, de creadores y no, en inicio, de compañías consolidadas o de recorrido. Aunque también puede filtrarse en estos cuerpos de una manera natural posibilitando espacios y atmósferas de mediación y de confrontación con el entorno, la infraestructura y el ciudadano.
Siempre hay que entender que todos los elementos del ecosistema de las artes escénicas son diversos, específicos, particulares y cada uno tiene una propia identidad y un propio movimiento en este vals escénico. Con esto quiero decir que no hay dos tipos puros de espacios: uno exhibidor y otro residencial. Se puede y ocurre que se trabaja desde la hibridez de las formas. Pero los espacios marcan unas líneas de trabajo que se perciben en sus formas de hacer, que serían sus movimientos, sus formas de ser en su territorio cultural. Y esas líneas te marcan en un lugar y en un imaginario que formará parte de cómo te ven los demás.


Construyendo espacios

En este nuevo paradigma y ante la precariedad arrastrada por la crisis, o estafa, como se prefiera, y por la falta de planes claros y eficaces para la cultura, es necesario la construcción de espacios facilitadores que dirijan su foco hacia la creación, hacia el proceso, hacia el creador y posibiliten la mediación entre los tres elementos fundamentales: infraestructura, entorno-territorio y creación. Las administraciones públicas deben empezar a tomarse muy en serio las residencias, los espacios dinámicos, los programas de apoyo al creador, los centros de investigación. Pero no solo construirlos sino crear sinergias duraderas, estables y orgánicas con el sector privado para tener mayor alcance.

Siempre entenderemos que el apoyo al creador y a su proceso posibilitará una creación más consistente, más arraigada al entorno, más orgánica a la infraestructura en la que se presenta, y con unas capacidades más desarrolladas e innovadoras. Lo que entiendo que debe pasar es la repetición de un posible modelo como el de la ciudad de Barcelona: las fábricas de creación. En las que se puede potenciar el proceso, dar cabida a los creadores, investigar, experimentar, aprender, madurar, desarrollar, capacitarse y ser mediado. Debe existir una obligación desde lo público de abrir y trabajar de manera directa, efectiva y novedosa con este tipo de centros.

Jacobo Pallarés
President de la Red de Teatros Alternativos
Artículo incluído dentro del libro recopilatorio de los 20 años de la Nau Ivanow

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